En nuestra opinión

Estimadas lectoras:

FotoP1Gladys Lanzas, la reconocida defensora de derechos de las mujeres hondureñas y líder del Movimiento de Mujeres por la Paz, Visitación Padilla, Las Chonas, fue declarada culpable de injurias y calumnias por un juzgado hondureño en enero pasado.

El supuesto difamado es Juan Carlos Reyes, exdirector de un ministerio estatal, quien dijo sentirse ofendido tras ser acusado por acoso sexual y laboral y además por despedir injustificadamente a una trabajadora de esa entidad, a quien Gladys junto con otras mujeres apoyaba realizando plantones frente a la institución.

El exdirector Reyes fue denunciado en la Fiscalía Especial de la Mujer y en los tribunales hondureños por hostigamiento sexual y laboral, donde fue liberado de la acusación, pero el Juzgado de Trabajo ordenó reintegrar a la joven despedida. Después de eso, Reyes acusó a Gladys basándose en las declaraciones que ella brindó a medios de comunicación durante el plantón.

Las Chonas venían acompañando desde hace cuatro años a la mujer denunciante, como lo han hecho con otras mujeres más. A raíz de este caso la líder es víctima de persecución, amenazas contra su integridad y presiones legales, por lo cual la Comisión Interamericana de Derecho Humanos emitió medidas cautelares para que el Estado de Honduras le brinde protección, lo cual no está cumpliendo. “Esto es consecuencia del trabajo de dar acompañamiento a las mujeres víctimas de violencia en Honduras y es un claro ejemplo de violación al Derecho a la Libertad de Expresión de las Mujeres”, dice una nota periodística del Movimiento Visitación Padilla.

El caso de Gladys es reflejo de lo que vivimos las mujeres que promovemos y defendemos nuestros derechos en toda la región centroamericana. Una de cada tres promotoras ha sido amenazada o agredida por acompañar y denunciar la violencia contra las mujeres, indica un estudio realizado en 2012 por las organizaciones PATH e InterCambios.

En el 2014, se constató que de cada 100 defensoras, 62 han vivido desprestigio personal y recibido amenazas verbales o mediante mensajes telefónicos y notas anónimas por parte de hombres acusados por violencia, según la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos Las Petateras.

“Las feministas sabemos que estos atropellos se tornan peligrosamente cotidianos cuando acompañamos a mujeres que reclaman sus derechos y denunciamos la violencia sexual, física, sicológica y los femicidios”, señalan Las Petateras en un comunicado en apoyo a Gladys. Y es que cuando los abusadores se dan cuenta que las mujeres agredidas no están solas, buscan de dónde viene el respaldo para destruir o paralizar esa red de apoyo. Por eso, cuanto más grande y fuerte es nuestra red, menos daños nos podrán hacer.

Las mujeres tenemos derecho a defender nuestros derechos cuando estos son atropellados, venga de quien venga; tenemos derecho a vivir libres de cualquier tipo de violencia y a no ser discriminadas por nuestra condición de género tal y como lo dice la Convención contra todas las formas de Discriminación hacia las Mujeres, CEDAW.

Las mujeres y no solo las defensoras, tenemos derecho a la libertad de expresión, a no ser molestadas por nuestras opiniones, a investigar, a recibir información y opiniones y a difundirlas por cualquier medio de expresión, dice la declaración Universal de los Derechos Humanos. Desde Nicaragua, nos sumamos a la demanda internacional por la libertad total de Gladys y por un cese a la violencia, presiones y acoso que vivimos por ser defensoras de los derechos humanos.

¡Defender nuestros derechos, es un derecho! FirmaP2