In La Boletina. Edición No. 99

La Boletina. Edición No. 99

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Nuestros retos y desafíos para seguir bregando

 

Foto: La Boletina/ Fide Avalos

Por Sylvia Torrez

Se dice que los retos son las acciones destinadas a resolver asuntos externos, mientras que los desafíos son aquellas acciones que tenemos que realizar a lo interno. La investigación Experiencias de empoderamiento económico de las mujeres en Nicaragua, realizada por Puntos de Encuentro, divide estos retos y desafíos en varios niveles: individuales, grupales y sociales, pero todos se relacionan entre sí.

Entre los principales retos y desafíos que enfrentan las organizaciones de mujeres en Nicaragua para fortalecer y ampliar los logros alcanzados podemos identificar los siguientes:

 

1. Entender cómo funciona la economía y lo que se entiende por desarrollo. Las mejores experiencias de empoderamiento económico de las mujeres muestran que debe haber un reconocimiento al valor del trabajo productivo y al trabajo de cuidados de las mujeres y la niñez. Es decir, hay que poner a las personas por encima de las ganancias, para que haya un desarrollo sostenible.

 Es un desafío superar la idea occidental que hasta hoy hemos manejado sobre lo que es la economía y la producción de alimentos, donde solo se toma en cuenta las necesidades de pequeños grupos de personas, que por lo general son los que tienen más poder económico y no reconocen la importancia de la flora y la fauna, discriminan todo aquello que no es urbano y tienen como figura privilegiada al hombre, nos dice Diana Martínez, de la Fundación Entre Mujeres, en Estelí.

Diana añade que necesitamos poner en el centro la vida de todas las personas sin desigualdades entre hombres y mujeres. “Es otra centralidad pendiente de la vida, que entre otras cosas, significa adquirir y apropiarnos de una perspectiva agroecológica y feminista”, señala.

Es preciso seguir promoviendo un desarrollo que brinde una perspectiva más integradora, que reconozca que los procesos económicos se sostienen en gran medida por el trabajo invisible de las mujeres.

“Es urgente desaprender el machismo y autoritarismo que impide la participación de los hombres de manera igual en los cuidados de la vida”, puntualiza Diana, al señalar la importancia de estimular una nueva forma de ser hombres, al igual que se debe reconocer la participación de las mujeres en la producción para cambiar las raíces de las relaciones entre hombres y mujeres en pro de la sostenibilidad integral de la vida.

Aunque a veces nos mantenemos alejadas de las discusiones sobre economía porque nos suenan falsas o enredadas, es importante conocer y tener una posición sobre cómo algunas inversiones extranjeras o nacionales, digamos la minería o la inversión en zonas francas, afectan a las mujeres. También es un reto conocer las políticas de impuestos, de pago de servicios públicos y de empleo, entre otros aspectos, que nos ayudarán a tener opiniones informadas.

 

2. Lo anterior se relaciona con el desafío de encontrar maneras viables y eficaces de influir en los tomadores de decisión, porque muchos de los cambios que se requieren corresponden al Estado y por tanto, están fuera de las posibilidades de las organizaciones.

Una estrategia que se ha venido impulsando y que empieza a sonar en todo el mundo, es la de  producir estadísticas con enfoque de género, es decir, cifras que muestren tanto los efectos de la marginación hacia las mujeres, así como los éxitos obtenidos cuando las políticas son inclusivas, por ejemplo, que haya más trabajo para la comunidad, que se reduzcan las muertes de mujeres, de niños y niñas, lo mismo que la violencia. Pero como los tomadores de decisión no siempre aprecian nuestras historias de éxito, es importante traducirlas a su lenguaje: el de las cifras.

Foto: La Boletina/ Fide Avalos

Foto: La Boletina/ Fide Avalos

3. Un desafío más es comprender la necesidad de sistematizar los aprendizajes y divulgarlos, hacer esto ayudaría en el empeño de influenciar a quienes toman decisiones. Experiencias como las de Xochilt Acalt, de Malpaisillo, en León, de otorgar crédito flexible, podrían enseñar nuevos caminos a las muchas microfinancieras que existen en el país, por ejemplo, para que se reconozca el potencial de las mujeres como sujetas de crédito agropecuario y no solo otorgar créditos a las mujeres que trabajan en servicios en las zonas urbanas.

 

4. Como existe mucha especialización en el trabajo de las organizaciones de mujeres, unas trabajando derechos sexuales y reproductivos, otras violencia, otras cambios culturales, es importante ir juntando saberes y recursos cuando se encuentren para realizar intervenciones integrales.

Las mujeres tienen solo una vida y todos los derechos, de manera que se requiere acompañar procesos de integración de mujeres a la economía con trabajos contra la violencia, de fortalecimiento de la conciencia de género y participación política.

 

5. Además de las intervenciones integrales, es importante saber cuándo se puede formar parte de un proyecto y cuándo no. A veces con la preocupación de atender las grandes necesidades que sufren los grupos de mujeres con los que se trabaja, no prestamos atención a las demandas que se nos hacen. Con todo y las necesidades identificadas es preciso estudiar cada propuesta de proyecto. En general, muchos proyectos demandan cambios en dos o cinco años y la verdad es que para ver los frutos materiales del empoderamiento económico se requieren más años que esos.

Otras veces esos proyectos además de no ser realistas, sobrecargan a las mujeres y a las organizaciones ya que en ambos casos deben invertir esfuerzos y tiempo en iniciativas que no conducen a los fines que se esperan.

 

6. Al nivel individual el reto es la democratización de la vida doméstica, eliminando ideas equivocadas de que las mujeres estamos para servir a los demás, para sacrificarnos por los demás, para ser buenas.

Muchas de las ideas sobre lo que implica ser una mujer decente o buena han sido creadas por instituciones patriarcales para mantenernos oprimidas y marginadas. Este es probablemente el desafío más difícil, porque el problema lo tenemos dentro de nuestras cabezas. En este sentido, en las experiencias estudiadas se destaca la importancia de fortalecer nuestra identidad de género, o sea, de entender que podemos decir no, que podemos soñar, que nos merecemos respeto, tranquilidad, esparcimiento y felicidad.

 

Foto: Cortesía Jairo Cajina

Foto: Cortesía Jairo Cajina

Con esta visión de nosotras mismas que se fortalece en los procesos de formación feminista vamos construyendo un espacio colectivo de mujeres que se apoyan; analizan juntas; se confrontan; se reconocen en sus diferencias de origen, clase, etnia, capacidades, edad, orientaciones sexuales. Es decir, nos vamos apropiando de los espacios públicos y privados para ser ciudadanas.

 

7. Finalmente, un reto frente a la Cooperación Internacional que se ha ido moviendo hacia una visión más “empresarial” de la ayuda y requiere que se muestren logros económicos, o que las mujeres aporten recursos que no tienen, se requiere lograr la comprensión de que el empoderamiento económico, la superación de las desigualdades, requiere de una inversión sostenida que no se recupera en plazos cortos, especialmente cuando se trata de las mujeres con ingresos muy bajos.

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