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La Boletina. Edición No. 99

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Procesos de empoderamiento económico

Retomando experiencias

 

 Por Martha Delgado

Diferentes organizaciones de mujeres en Nicaragua han venido desarrollando procesos desde hace más de veinte años con lideresas, productoras, emprendedoras, obreras y  trabajadoras donde ellas se van reconociendo como actoras económicas y sociales e identificando metas para alcanzar su propio bienestar.

No hay un solo camino o receta para alcanzar el empoderamiento, pero sí es posible encontrar pistas claves que puedan ser retomadas por otras organizaciones y adaptadas a su propia realidad para involucrar cada vez a más mujeres e ir logrando poco a poco, pero a paso firme, la igualdad.

Aquí compartimos algunas de estas pistas encontradas en la sistematización de Experiencias de Empoderamiento Económico de las Mujeres en Nicaragua realizada por Verónica Gutiérrez y Almachiara D´Angelo, en el marco de trabajo de Puntos de Encuentro.  

 

Empoderamiento económico e integral

Según esta investigación, el empoderamiento es un proceso personal y colectivo que se da a largo plazo e inicia de manera individual a través del desarrollo de la imagen positiva que cada mujer tiene de sí misma y de la confianza en sus capacidades. Implica que identifique los obstáculos que enfrenta como mujer para poder desarrollar sus potencialidades en su ámbito íntimo, social y político. 

Tiene que ver con alterar las relaciones desiguales de poder existentes en la vida pública y privada en un proceso donde las mujeres van desarrollando la habilidad para negociar y tener voz y voto en las decisiones que afectan sus vidas. Esta capacidad con el tiempo llega hasta el espacio colectivo, en donde las mujeres se organizan en acciones conjuntas para conseguir los cambios sociales y políticos que se proponen.

Igualmente se vincula con la redistribución de tareas y de recursos, con que no solo las mujeres tengamos que asumir el trabajo de cuidados y tengamos tiempo para estudiar, capacitarnos y recrearnos. Una vida para una misma para poder vivir con los otros.

Implica una revaloración de sí misma como persona con capacidad de decidir para la vida propia y valorar estas nuevas maneras de ser mujer. Así como erradicar el uso de la violencia en todas sus formas para resolver conflictos. Implica, por tanto, cambios culturales, personales y sociales.

Se trata de empoderamiento integral, dado que implica fortalecer las decisiones en todos los ámbitos de la vida: el cuerpo y la sexualidad, la vida íntima y las relaciones personales, así como la redistribución y adquisición de recursos económicos y capacitación técnica para poder ser independientes y desarrollar autonomía. 

 

Foto: Cortesía FEM Estelí

Claves para fortalecer el empoderamiento

  • El diagnóstico, punto de partida clave

Conocer el contexto, el lugar o zona donde estamos es vital como punto de partida. Requiere que las mujeres analicen los recursos económicos personales y de la zona donde viven, identificar las desigualdades que existen, los conocimientos y capacidades que tienen y lo que necesitan para superar estas.

Implica reconocer los aportes económicos que realizan las mujeres a nivel del hogar y en la esfera productiva. Reconocer el valor económico del trabajo que hacen en la casa, tanto como el valor económico del trabajo productivo que realizan, ya sea en el campo o en la ciudad, visibilizando las desigualdades de género que dificultan el camino.

Hacer un análisis del entorno para valorar qué tan factibles son las actividades económicas o emprendimientos que las mujeres desean echar a andar. Reconocer la capacidad que tienen las mujeres como campesinas y pequeñas productoras y su capacidad empresarial, contribuyendo a deconstruir la idea de que las mujeres no sabemos de producción y de negocios.

Elaborar propuestas y estrategias de desarrollo personal y colectivo de las mujeres, los hombres y las comunidades dentro de un modelo de diversificación de la producción que garantice la seguridad alimentaria y medioambiental en el marco de una estrategia de desarrollo local y territorial.

 

  • La formación integral es vital

Fortalecer la persona como sujeta individual y colectiva tanto en la dimensión íntima de la vida como en su participación social y económica, no es posible sin la formación integral.  Hacer un alto en el camino, echar una mirada hacia atrás y analizar con sus propios conocimientos si lo que han vivido hasta hoy con sus familias, hogares, centros de trabajo o comunidades contribuye a su propio bienestar, es esencial desde la educación popular feminista.

Las escuelas de formación feminista son vitales para que las mujeres puedan desarrollar este proceso. La sistematización señala que facilitan espacios de encuentro entre mujeres donde, a partir de sus vivencias y experiencias, hacen una lectura diferente de sus vidas y sus realidades, interpretan de otra forma su identidad de género, logran verse como sujetas productivas y buscan alternativas para salir de la subordinación.

 

Fortalecer el liderazgo de las mujeres

El Movimiento María Elena Cuadra, MEC, por ejemplo, cuenta con una Academia de Liderazgo de Mujeres que contribuye a mejorar la capacidad de lideresas y emprendedoras para la toma de decisiones y participación en espacios públicos y privados. La identificación de derechos sexuales, reproductivos, económicos, sociales es clave en los procesos de formación desarrollados así como el reconocimiento de la violencia vivida y su superación. 

La Fundación Entre Mujeres, FEM, de Estelí considera que para encaminarnos hacia el empoderamiento debe haber “una alteración a las relaciones desiguales de poder, que las mujeres puedan decidir sobre su vida” y las escuelas y talleres son parte de este proceso.

 

Fortalecer capacidades técnicas y empresariales

Implica la capacitación, los intercambios y el acompañamiento a través de procesos participativos en el campo y en la ciudad. En el campo, por ejemplo, es fundamental garantizar la seguridad alimentaria de sus familias, planificar los ciclos productivos y supervisar el proceso desde que deciden qué producir hasta la comercialización de sus productos. Proyectar lo que se comercializará y garantizar el consumo familiar, tomando en cuenta las condiciones medioambientales que pueden afectar los productos que cultivaràn y las repercusiones del cambio climático en la zona.

 

La experiencia de Xochilt Acalt  de Malpaisillo, León, en este tipo de procesos muestra el éxito de tomar todo esto en cuenta. La FEM ha alcanzado la consolidación de la Central de Cooperativas de café, marca Las Diosas y su exportación vía canales de comercio justo y la comercialización nacional de diferentes productos.

Otra experiencia exitosa es la Academia Agropecuaria del Movimiento María Elena Cuadra, MEC, donde las mujeres fortalecen sus conocimientos sobre buenas técnicas productivas, atención a ganado mayor y menor, administración y técnicas de cultivo. Además son capacitadas en temas como violencia de género, autoestima, salud sexual y reproductiva,  economía feminista, presupuesto con enfoque de género.

 

Educación formal

El alto nivel de analfabetismo en la población ha hecho indispensable incluir procesos de alfabetización y promover la inserción de las mujeres en el sistema escolar para que aprendan a leer, escribir, hacer sus propias cuentas y tengan más poder sobre sus ingresos, pero también más consciencia sobre la enorme contribución que hacen en sus familias y sus comunidades. La FEM ha hecho grandes esfuerzos en la alfabetización de las mujeres y para que tengan acceso a la educación formal, logrando varias generaciones de egresadas de bachillerato y de formación técnica y universitaria.

 

Foto: La Boletina/ Fide Avalos

Foto: La Boletina/ Fide Avalos

Formación de formadoras

Es muy importante en este proceso de fortalecimiento del empoderamiento de las mujeres para la consolidación y ampliación del liderazgo de las mujeres a nivel local tanto a nivel técnico como ciudadano.  Importante para la consolidación y validación de las mujeres como actoras económicas e interlocutoras clave a nivel local.

 

  • Acceso  a recursos económicos

La propiedad de la tierra es vital para nuestro empoderamiento económico, de ahí la demanda principal de la Coordinadora de Mujeres Rurales de un Banco de fomento para la compra de tierras para las mujeres. Experiencias exitosas de Xochilt Acalt y FEM muestran la importancia que las mujeres sean dueñas de su tierra y el acceso a crédito flexible, “adaptado a la dinámica de la producción, en la que se debe esperar a la cosecha para saber con cuánto cuenta cada mujer”.  Además invertir en obras de infraestructura como pozos, luz y tubería artesanal, todo lo que contribuye a aligerar la carga de trabajo de las mujeres.

 

  • Desarrollar poder colectivo de las mujeres

Son importantes los procesos participativos para promover el reconocimiento, valoración propia y la solidaridad entre mujeres.  El compartir sus saberes con otras,  las nuevas técnicas aprendidas,   van creando redes productivas y generando procesos colectivos que las fortalecen como grupo y ante la comunidad y con habilidades para ser interlocutoras importantes en su comunidad.

Foto. Cortesía MEC

  • La construcción de alianzas

No es fácil romper estereotipos y transformar las relaciones desiguales de poder; siempre habrá momentos de tensión, pero que se pueden resolver haciendo conciencia de no poner en riesgo a las mujeres y enfatizando las ventajas productivas que han logrado y que significan bienestar para ellas y para todos.

Es posible contar con los hombres como aliados. Organizaciones reportan ejemplos de alianzas exitosas con la pareja e hijos que asumen su responsabilidad en las tareas domésticas y respaldan las decisiones productivas de las mujeres, al ver el desarrollo de las mujeres, sus familias y el papel que juegan para el desarrollo de sus comunidades.

Es importante identificar actores claves a nivel local, los que pueden caminar a la par y otros en momentos puntuales, ambos son importantes. El espacio local es relevante y estratégico, no perder de vista  el rol que los  gobiernos locales deben jugar en crear condiciones para ejercer nuestros derechos.

 

Experiencias sistematizadas: Asociación de Mujeres Productoras, ADIM, Coordinadora de Mujeres Rurales, Congreso Permanente de Mujeres Empresarias de Nicaragua, Consejo de Mujeres de Occidente, Fundación Mujer y Desarrollo Económico Comunitario, Fundación Entre Mujeres, Red de Mujeres Chontaleñas, Movimiento María Elena Cuadra y Xochilt Acalt.

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